En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. (Jn.1,1,3-4)
La palabra es un instrumento, una herramienta de construcción de la
realidad y de reconstrucción de la misma.
La palabra nos ayuda a definir la realidad, acotarla, encerrarla de alguna manera. Pero también construye, expande y modifica la realidad objetiva, haciendo que predomine un punto de vista determinado.
La palabra, al enfocar un detalle concreto de esa realidad, como si de una lupa se tratase, nos muestra otro enfoque de la realidad. Ya nunca volveremos a mirarla igual, algo en ella ha cambiado. Se ha creado una realidad distinta a la que había antes de que, por medio de la palabra, nos fijáramos en ese detalle concreto.
Las personas nos contamos a nosotras mismas nuestra historia de vida. La narramos no sólo como la vemos, sino como la ven los ojos de quienes están a nuestro alrededor.
Vivimos la vida según nos la contamos y nos la han contado; creyendo y creando esa realidad, sin saber que lo que creemos es lo que creamos, como una profecía autocumplida.
Ante un acontecimiento cotidiano, como una moneda, uno puede verlo como una suerte, si mira la moneda por un lado o como una desgracia, si ve el otro lado. Y se cuenta a sí mismo la interpretación de la moneda como si fuera la única realidad posible.
Y toma decisiones y actúa desde esa interpretación de la moneda. Cada decisión y acontecimiento de nuestra vida cambia la dirección de la misma.
Entonces ¿dónde ponemos el foco de nuestra mirada? ¿Como decidimos interpretar nuestra realidad? Yo trabajo cada día en buscar lo positivo a cada acontecimiento de mi existencia. Así que, a pesar de todas las situaciones que podemos interpretar como negativas, a pesar de haber actuado muchas veces en mi vida como una víctima de las circunstancias, ya no soy más una víctima, SOY UNA SUPERVIVIENTE.
Y por más que lo intente, ya no puedo ver la vida de otra manera que agradeciendo la oportunidad de seguir viviendo y seguir creando realidad con mis palabras y mi vida.
Ése es mi don, ver la vida desde un punto de vista propio, y ponerla en palabras, y con esas palabras cambiar la forma de ver y vivir la vida misma.
Gracias por esta reflexión, en realidad lo que nos ocurre, o lo que vemos es neutro, nosotr@s, con nuestra interpretación en forma de palabras, somos quienes les damos un significado u otro, porque lo que pasa a dos personas puede verbalizarse de formas completamente diferentes. EL GRAN PODER DE LA PALABRA a la que algunas personas no dan ningún valor, utilizándola como papel. Gracias por ayudarnos a transitar. Un abrazo
ResponderEliminarLas palabras pueden herir y pueden sanar, depende de cómo las utilicemos. Es importante darles valor y ser conscientes de su poder.
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